FS Setiembre 04

La utilización indebida de canciones populares para campañas políticas sin autorización

En los últimos meses han cobrado notoriedad algunos casos sobre la utilización indebida de canciones populares para campañas políticas sin autorización de los autores para dicho fin.

El último caso fue el del Presidente Nicolás Maduro de Venezuela, quién utilizó la música de la canción “Despacito” de Luis Fonzi y Daddy Yankee para promocionar las elecciones de su controvertida Asamblea Nacional.

Pero no es el único caso, en la última campaña electoral estadounidense Donald Trump también utilizó la versión de Queen “We are the champions”; lo que generó el malestar de los músicos y propietarios de los derechos de autor.

En nuestro país, también ocurrió algo similar durante el lanzamiento de campaña de Tabaré Vázquez en 2004, en donde se utilizó la canción “Color Esperanza” de Diego Torres para abrir el evento. Este último  dejó notar su malestar frente a dicho uso y aseguró estar dispuesto a tomar cartas en el asunto, luego de que algo similar le hubiera ocurrido en España y México.

Dejando de lado el aspecto político, es importante tener en cuenta que, a la hora de utilizar creaciones de otros autores en forma pública y cuando ello pueda redundar en un beneficio personal para quién emplea dicha canción, es necesario estar al tanto de determinadas consideraciones y obligaciones.

La Ley de Derecho de Autor No. 9.739 con las modificaciones introducidas por la Ley No. 17.616 en su artículo 44 establece que, entre otros ejemplos, una reproducción ilícita de una obra musical: La  representación,  ejecución  o  reproducción  de una canción en  teatros o lugares públicos, sin la autorización del autor. No obstante este consentimiento se reputa concedido cuando la reproducción se efectúa el ámbito doméstico o en reuniones familiares fuera del ámbito; siempre que: i) no exista fin de lucro; ii) no se contrate discoteca; iii) no participen artistas en vivo y iv) se usen aparatos de música domésticos.

Otra excepción rige para actividades de instituciones docentes, públicas o privadas, y en la celebración de cultos religiosos, siempre que no exista ánimo de lucro.

También es ilícita la representación o ejecución de obras musicales en lugares distintos a los convenidos entre el autor y el cesionario; o como en el caso que nos ocupa la apropiación de una música sin consentimiento del autor y la representación de una obra con modificaciones no autorizadas.

Por lo anterior cabe concluir que antes de utilizar una creación de un tercero fuera del ámbito doméstico o situaciones asimiladas al mismo, es importante obtener asesoramiento para determinar si la misma se encuentra protegida por derecho de autor, y establecer las condiciones en que podría utilizarse.

Asimismo, para el caso de que se requiera el consentimiento del autor, es relevante instrumentar y documentar dicho consentimiento de forma adecuada a los fines propuestos.